La Recepción y Resignificación de los Discursos de Odio y Antisistema: Un Análisis desde la Base Social
La esfera pública digital, lejos de ser un mero espacio de intercambio de información, se ha consolidado como un potente crisol donde los discursos de odio (DDO) y las narrativas antisistema no solo circulan con velocidad inusitada, sino que son activamente recibidos y resignificados por diversos segmentos sociales. Comprender este proceso es crucial para caracterizar el entramado tecnopolítico actual, ya que la eficacia de estas discursividades no reside únicamente en su emisión, sino en la capacidad de resonar con prejuicios sociales preexistentes y de ser rearticuladas en la cotidianeidad de los usuarios.
El Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA), a través de iniciativas como el Primer dataset de DDO (GAVED) con más de 1300 enunciados, demuestra la magnitud y la sistematicidad de esta problemática (Ipar, Cuesta y Wegelin, 2022). No obstante, es indispensable analizar cómo las audiencias procesan y, en ocasiones, internalizan o reproducen estos contenidos. La proliferación de DDO, definidos por el LEDA como expresiones que buscan promover la discriminación o la violencia hacia grupos específicos, encuentra un terreno fértil en un contexto de polarización afectiva y desafección política, donde la identificación con el “nosotros” se exacerba a costa de la demonización del “ellos”.
La reacción contra las políticas igualitarias emerge como un componente central en la recepción de estos discursos (Villarreal e Ipar, 2022). En Argentina, esta reacción se ha manifestado con particular virulencia contra avances en derechos de género, diversidad sexual, o políticas de inclusión social. Estos discursos, a menudo presentados como “sentido común” liberador, encuentran eco en segmentos de la población que perciben las políticas igualitarias como una imposición ideológica o una amenaza a sus propios privilegios o valores.
El ecosistema digital, con sus lógicas algorítmicas, amplifica exponencialmente la resonancia de estas narrativas. Algoritmos de recomendación, diseñados para maximizar el tiempo de permanencia y el engagement, tienden a priorizar contenidos que generen fuertes respuestas emocionales, entre ellas la indignación, el miedo y la polarización. Esta retroalimentación constante puede atrapar a los usuarios en “cámaras de eco” o “filtros burbuja”, donde sus prejuicios iniciales se ven constantemente confirmados y reforzados, impidiendo el contacto con perspectivas alternativas. El doomscrolling y el cortoplacismo emocional exacerban esta dinámica, al mantener a los usuarios en un estado de alerta y saturación informativa que dificulta la reflexión crítica y favorece la adhesión visceral a discursos simplificados y radicalizados. La exposición continua a noticias negativas o conflictivas, a menudo con un sesgo particular, refuerza sesgos cognitivos y lleva a una percepción distorsionada de la realidad.
Un ejemplo paradigmático de esta resignificación se observa en la construcción de la figura del “planero” en el debate público argentino. Lo que en sus inicios era una referencia a un beneficiario de planes sociales, ha sido resignificado por discursos de odio en la esfera digital para denotar a un individuo parasitario, vago y, en última instancia, enemigo del progreso y el trabajo genuino. Este enunciado, al ser repetido y viralizado en diversas plataformas, muta de una categoría a un estigma, convirtiéndose en un chivo expiatorio que condensa el resentimiento hacia el Estado de bienestar y las políticas de inclusión. La recepción de este discurso no se limita a la aceptación pasiva; los usuarios lo resignifican al compartirlo con comentarios propios, al crear memes que lo satirizan o al utilizarlo en conversaciones cotidianas, consolidando una percepción social negativa que trasciende la evidencia empírica.
Otro caso notable es la propagación de narrativas que descalifican sistemáticamente a los opositores políticos mediante la adscripción de etiquetas como “zurdo”, “comunista” o “progre”. Estos términos, despojados de su significado ideológico original y cargados de connotaciones peyorativas, buscan la anulación moral del adversario. La efectividad de estos DDO reside en que apelan a temores arraigados o a prejuicios latentes, transformando la diferencia política en una amenaza existencial. La recepción de estos discursos entre ciertos segmentos de la población (principalmente los jóvenes, según Villarreal e Ipar, 2022) se ve facilitada por la inmediatez y la emotividad que privilegia la comunicación digital, donde la simplificación y la confrontación directa tienen mayor tracción que el matiz o la complejidad.
En suma, la recepción y resignificación de los discursos de odio y antisistema en el ecosistema digital argentino no es un fenómeno pasivo. Es un proceso dinámico donde los prejuicios sociales interactúan con las lógicas algorítmicas de las plataformas, amplificando narrativas que desafían los pilares democráticos y consolidan nuevas matrices de sentido. Desentrañar estas dinámicas es esencial para comprender las bases sociológicas del fenómeno tecnopolítico y para diseñar estrategias que promuevan un debate público más constructivo.
BIBLIO PARA SEGUIR LEYENDO:
Ipar, E., Cuesta, M., & Wegelin, L. (Comps.). (s.f.). Desafíos de la democracia argentina en la pospandemia: Discursos de odio, prejuicios sociales y problemas de legitimación democrática. Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA), Lectura Mundi UNSAM.
Villarreal, P., & Ipar, E. (2022). Las formas de la anti-política y sus causas en la coyuntura argentina pos-pandemia. Revista Argentina de Ciencia Política, I(30), 81-108.