De la Identidad Tradicional a la Subjetividad Algorítmica: la transformación de las adhesiones políticas
La cartografía de las identidades políticas en la Argentina contemporánea revela un paisaje en profunda mutación. Las lealtades partidarias o ideológicas que antaño estructuraban el campo político, forjadas en experiencias colectivas y relatos históricos compartidos, se enfrentan hoy a la erosión de nuevas lógicas de adhesión. Asistimos a una progresiva dilución de las identidades tradicionales en favor de configuraciones más volátiles y fragmentadas, impulsadas por la arquitectura algorítmica de la esfera pública digital y el arraigo de un discurso antipolítico que canaliza profundos sentimientos de resentimiento y desafección política.
Este proceso de transformación identitaria se manifiesta en la emergencia de influencers políticos, cuya capacidad de interpelación no reside en la mediación partidaria o institucional, sino en la construcción de una relación de parasocialidad directa con sus audiencias. A diferencia del líder político clásico, el “influencer político” genera identificación y lealtad a través de una exhibición constante de sí mismo, de la apelación a pasiones y afectos, y de una aparente autenticidad que sortea las formalidades de la comunicación política tradicional. El éxito de estas figuras se mide en engagement y viralidad, en la capacidad de construir una “comunidad” que a menudo adquiere tintes de “secta” (Sanguinetti, 2024), donde la adhesión incondicional al líder desplaza la deliberación o el debate crítico. Este modelo performático de la política, centrado en el “show” y la provocación, redefine lo que significa “hacer política” y, con ello, lo que significa “ser político” para el ciudadano.
Paralelamente, la identificación con una antipolítica se ha vuelto una fuerza motriz central en la reconfiguración de las subjetividades. Pablo Villarreal y Ezequiel Ipar (2022) señalan que la antipolítica en la coyuntura argentina de la pospandemia no es una mera desafección, sino una posición activa de hostilidad y rechazo hacia las instituciones y actores tradicionales de la democracia. Esta hostilidad se manifiesta con un “plus de violencia” discursiva (Villarreal & Ipar, 2022) que busca deslegitimar al “establishment” político en su totalidad, presentándolo como una “casta” homogénea, corrupta e insensible a las demandas de la sociedad. Este discurso antielitista, profundamente arraigado en el resentimiento social, capitaliza la frustración ante problemáticas persistentes y la percepción de que las élites políticas y sus estructuras no solo no ofrecen soluciones, sino que son parte del problema.
Un aspecto crucial de esta transformación identitaria y del auge antielitista es la deslegitimación de la escuela, la docencia y la universidad. Estas instituciones son acusadas de “adoctrinamiento” y reemplazadas, paradójicamente, por “influencers y divulgadores digitales”. Esta embestida contra el sistema educativo formal y contra las ciencias sociales es parte de una estrategia más amplia de deconstrucción de las fuentes de autoridad tradicionales y de los espacios de producción de conocimiento que puedan contradecir las narrativas emergentes del ecosistema digital. Las plataformas y algoritmos, al operar como “pedagogías paralelas”, refuerzan esta deslegitimación al priorizar contenidos que resuenan con los sesgos existentes y que, a menudo, minimizan o descalifican el valor del saber especializado y la investigación académica.
La interacción entre estas dinámicas genera nuevas formas de subjetividad algorítmica, donde la identidad política no se construye tanto a partir de una filiación ideológica explícita o una militancia de principios, sino de una alineación con ciertos nodos de información, figuras carismáticas y narrativas que resuenan con emociones básicas como el odio, el miedo o la frustración. El resentimiento hacia la política, que se nutre de la percepción de una desigualdad injusta y de una ineficacia institucional crónica, encuentra en el ecosistema digital un espacio ideal para su articulación y amplificación. Este sentimiento, cuando se canaliza a través de discursos antisistema, contribuye a la fragmentación de la esfera pública y a la polarización, minando la posibilidad de construir consensos o soluciones colectivas que trasciendan la lógica binaria de la confrontación.
En definitiva, la reconfiguración de las identidades políticas en la era tecnológica es un fenómeno complejo que va más allá de la mera desafiliación partidaria. Implica una mutación en las formas de adhesión, un auge de la antipolítica alimentado por el resentimiento y una deslegitimación de las instituciones tradicionales, todo ello moldeado y amplificado por la lógica de los algoritmos y las nuevas “pedagogías” digitales.
BIBLIO PARA SEGUIR LEYENDO:
Ipar, E. (2024). Las disputas políticas e ideológicas de nuestro tiempo. Un mapa de la Argentina 2023. Laboratorio, Revista de Estudios sobre Cambio Estructural y Desigualdad Social, 34(1), pp. 81-108.
Ipar, E., Cuesta, M., & Wegelin, L. (Comps.). (2022). Desafíos de la democracia argentina en la pospandemia: Discursos de odio, prejuicios sociales y problemas de legitimación democrática. Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA), Lectura Mundi UNSAM.
Sanguinetti, L. (2024). Milei y la episteme digital en una Argentina neoreaccionaria. Notas para un análisis comunicacional de la campaña, el gobierno y el Estado de Javier Milei. Trampas de la Comunicación y la Cultura, (89), e071.
Villarreal, P., & Ipar, E. (2022). Las formas de la anti-política y sus causas en la coyuntura argentina pos-pandemia. Revista Argentina de Ciencia Política, I(30), 81-108.