Análisis del discurso y lingüística política
Resumen: El discurso político del gobierno de Javier Milei no solo comunica ideas, sino que construye realidades simbólicas a través de un léxico cargado de hipérboles, metáforas de guerra y oposiciones binarias. Desde la exaltación de la libertad hasta la demonización de la “casta”, su retórica articula una visión del mundo simplificada pero emocionalmente efectiva, que encuentra eco en una ciudadanía fragmentada y saturada de estímulos digitales. A través de una estrategia discursiva sostenida en la desautorización del otro, la reiteración de eslóganes y una estética de confrontación, el lenguaje se convierte en un dispositivo central de poder, capaz de moldear el sentido común y desplazar los márgenes de lo decible. Comprender estas lógicas no es solo un ejercicio teórico, sino una herramienta urgente para intervenir en la disputa por el significado en la esfera pública.
El lenguaje como campo de disputa en la tecnopolítica argentina
En la Argentina actual, el discurso político no opera solo como un vehículo de comunicación gubernamental, sino como el núcleo mismo de una maquinaria de sentido que reorganiza los valores democráticos, resignifica la autoridad y legitima modelos económicos a través de estrategias retóricas precisas. En este marco, el análisis del discurso y la lingüística política se convierten en herramientas indispensables para desentrañar el entramado simbólico que sostiene al gobierno de Javier Milei.
- La resignificación de la “libertad” como valor político hegemónico
Uno de los nudos conceptuales fundamentales del discurso mileísta es la resemantización del término “libertad”. Como analizan Chuard y Cebollez (2024), el uso de esta noción se aleja de su sentido liberal clásico ligado a la participación política o a los derechos sociales, para centrarse en una concepción estrecha de la libertad negativa, entendida como desregulación absoluta y propiedad individualizada del destino. La “libertad” se torna así un significante flotante que puede agrupar demandas heterogéneas bajo una aparente coherencia moral: desde el rechazo a impuestos hasta la eliminación de la educación pública.
- La figura retórica del “héroe” y el uso de la confrontación discursiva
Como plantea Caruncho (2024), el cierre de campaña de Milei fue diseñado discursivamente como una narrativa heroica, donde el candidato se autopresenta como “el único” dispuesto a enfrentarse a una “casta” omnipresente, corrupta y decadente. La construcción de un antagonismo nítido, con rasgos de maniqueísmo simbólico, convierte al adversario no en un interlocutor legítimo, sino en una figura moralmente indeseable, asociada a la mentira, el atraso o incluso al mal.
En este esquema, la retórica beligerante —hipérboles, insultos performativos, tono mesiánico— no son desvíos, sino el centro de la estrategia discursiva. El lenguaje mismo es el dispositivo de la confrontación.
- De la lingüística política a la desinstitucionalización del discurso público
Sebastián Mateo (2025) señala que asistimos a un proceso de pauperización del lenguaje público en Argentina, que debilita el entramado institucional democrático. Cuando el lenguaje abandona el pluralismo, el matiz y la deliberación, y se torna binario, emocional y simplista, las instituciones se transforman en blanco de sospechas permanentes y en objetos de deslegitimación simbólica. El resultado es una “democracia de baja intensidad”, donde el poder se ejerce desde una lógica de excepción permanente y una performatividad intransigente.
Este fenómeno se inscribe en el marco más amplio del giro global hacia la derechización emocional, que sustituye el debate público por un espectáculo de reacciones inmediatas. En ese contexto, el lenguaje ya no solo describe una realidad, sino que la produce: desinstitucionaliza, deslegitima, desactiva el disenso.
- El uso estratégico del anticiencia parcial y el lenguaje tecnofílico
Cormick y Edelsztein (2025) analizan el discurso gubernamental en relación al sistema científico-tecnológico argentino. A diferencia de figuras como Bolsonaro, Milei no se presenta como un negador de la ciencia en abstracto, sino que despliega un “anticiencia selectivo”. Ataca áreas del conocimiento que cuestionan sus políticas (como las ciencias sociales o el cambio climático), pero al mismo tiempo se apropia de una estética tecnofílica, presentándose como defensor de la “verdadera ciencia”, entendida en clave de mercado.
Aquí el lenguaje no se limita a nombrar: crea jerarquías epistémicas, selecciona qué saberes merecen financiamiento y cuáles deben ser eliminados. En este contexto, las metáforas tecnológicas funcionan como legitimadoras de una política de desinversión bajo el ropaje de modernización.
- Ruptura de la institucionalidad discursiva y lógica de personalización
Finalmente, los análisis convergen en un punto central: el discurso de Milei personaliza la política, rompe los esquemas de institucionalidad mediada y transforma la esfera pública en una arena directa, afectiva y polarizante. Como ya se ha analizado en el caso de Trump y Bolsonaro, se trata de un modelo de liderazgo performativo que construye comunidad a través de una retórica antipolítica y deslegitimadora de las mediaciones institucionales. El “show” reemplaza al debate político. Y el lenguaje, lejos de ser un instrumento neutro, se convierte en el campo de batalla principal.
Hacia una cartografía crítica del lenguaje político en la era algorítmica
Comprender el estilo retórico de Javier Milei, su léxico fundacional (casta, libertad, enemigos internos), y la construcción discursiva de antagonismos absolutos no es un ejercicio académico aislado, sino una tarea urgente para todo proyecto que aspire a intervenir críticamente en la tecnopolítica contemporánea. El análisis del discurso permite no solo detectar las mutaciones en la gramática política actual, sino también diseñar estrategias de disputa simbólica que recuperen la potencia del lenguaje como espacio de construcción democrática.